sábado, 20 de junio de 2026

Michael, la película

 

Michael, la película

 

El viernes pasado, mi chica- a quien normalmente se le suelen pegar las sábanas en sus días de descanso-inesperadamente madrugó. El motivo: ese día se estrenaba en Japón, con casi dos meses de retraso con respecto al estreno mundial y para su desesperación, Michael, la película biográfica sobre el "Rey del Pop" Michael Jackson y ella,como todo Moonwalker que se respete y siendo además miembro numerario del fandom de Michael Jackson desde 1982, no podía faltar.

Yo, hasta el último momento, había estado indeciso de acompañarla y no porque no me gustara la música de Michael Jackson. Al contrario. Por algo me habían coronado campeón en el concurso del muy popular programa sabatino de la televisión peruana Trampolín a la fama conducido por el controvertido Augusto Ferrando, cuyo primer premio-una cocina Surge a kerosene-gané por mi perfecta imitación de Michael Jackson haciendo el paso Moonwalk, para alegría sobre todo de mi madre, porque nuestra cocina era eléctrica y ella ya estaba harta de los apagones casi diarios ocasionados por culpa de las voladuras de torres de alta tensión perpetrados por Sendero Luminoso. Se acuerdan, ¿no?

"Un terrorista, dos terroristas,

se balanceaban,

sobre una torre derrumbaadaaa...

Como veían que resistía,

fueron a llamar a un camaraadaaa..."

(Las torres - NSQ y los NSC)

Sino porque padezco de parascevedecatriafobia que-como todo el mundo sabe-es la fobia a los Viernes 13. Y acá, en Japón, las películas se estrenan los viernes. Tras mucha insistencia por parte de mi chica, que, en su afán por convencerme, había ido tras mis pasos y profanado sin proponérselo el Sanctasanctórum de mi escritorio, le confesé el motivo de mi negativa señalando el calendario.

—Pero si ese calendario es del 2013—me espetó—. Hoy es viernes 12.

Miré y recién entonces caí en la cuenta de mi error.

Así como en Hiroshima se conserva un reloj que se detuvo a las 8:15 a.m. del 6 de agosto de 1945-la hora exacta en que la bomba atómica conocida como "Little Boy", que dejó caer el B-29 “Enola Gay” sobre la ciudad, hizo explosión-, de la misma manera, yo conservaba aquel viejo calendario del año 2013 con el fatídico viernes 13 en que perdí la mano izquierda marcado con un círculo rojo. También lo conservaba-todo hay que decirlo-porque en él aparecía Scarlett Johansson vestida solo con pendientes.

Gracias a Dios, mi chica estaba tan pendiente de mi respuesta que no se percató de la foto, porque en caso contrario me hubiera demostrado una vez más que su cinturón negro de karate no se lo habían dado por las puras alverjas.

Entonces accedí contento. También porque en otra oportunidad yo la había arrastrado a ver Bohemian Rhapsody, película del mismo productor, y ella me había acompañado a pesar de que no le gustaba mucho Queen.

Siempre íbamos al cine los viernes y a la función matinal, así que podíamos llegar con cinco minutos de anticipación y nunca teníamos problemas para encontrar buena ubicación, porque siendo día laborable y por la mañana, apenas si había clientes y, por el tipo de películas que íbamos a ver, siempre nos encontrábamos con las mismas personas hasta el punto de que ya las conocíamos de vista.Y esta vez no fue diferente. Ahí estaban: los mismos ocho gatos ochenteros jubilados y canosos.

Estaba haciendo dieta, pero no hay nada qué hacer: nunca seré capaz de ver una película sin mi canchita. Así que, poco antes de que se apagaran las luces y empezaran los trailers, no pude aguantar la tentación y bajé corriendo a comprar popcorn. Mientras llenaban mi barril, noté que entre la merchandise del shop había unas máscaras muy realistas y se me ocurrió hacerle una broma a mi chica. Escogí una de hombre lobo. Cuando regresé, la sala ya estaba a oscuras y, para mi sorpresa, a última hora se había llenado. En la penumbra me pareció notar que los recién llegados lucían más decrépitos de lo habitual y que, a diferencia de nuestros viejos conocidos siempre muy pulcros y bien vestidos, estos se mostraban andrajosos y zarrapastrosos y hasta me pareció sentir que despedían un tufo de ultratumba.

Por fin, acabaron los trailers y empezó la película. Por momentos, la gente se animaba, cantaba, aplaudía y, algunos, hasta se animaban a bailar. Mi chica se contenía, pero parecía un corcho de champán a punto de saltar por los aires en cualquier momento.

Yo estaba esperando el momento en que empezara Thriller. Me pondría la máscara, me volvería hacia mi chica y aullaría: "Auuuuu" y ella pegaría un salto.

Llegado el momento, me puse la máscara, me volví hacia ella e iba a lanzar mi aullido cuando, horrorizado, vi que mi chica se había convertido en un zombi. Y no solo ella. Los que unos momentos antes me habían parecido viejos desarrapados también eran zombis. Toda la sala estaba llena de zombis. Todos se pusieron de pie-mi chica también-y empezaron a bailar Thriller sincronizadamente. Parece que entonces me desmayé y, cuando volví a abrir los ojos, las luces estaban encendidas, la sala vacía y mi chica me estaba sacudiendo.

—¡Por fin te despiertas!-suspiró aliviada-. ¡Te habías quedado seco!

—¿Y los zombis?-exclamé mientras los buscaba con la mirada entre las butacas vacías.

—¿Los zombis? ¡Habrás tenido una pesadilla!

—No-dije-. Estoy seguro de que los vi. Hasta tú te habías convertido en un...

—¿En un qué? ¿En un zombi?

—Sí-dije-. Y cuando te vi me desmayé.

Entonces, mi chica, que normalmente se ríe sin hacer mucho ruido, lanzó unas sonoras carcajadas que retumbaron en la sala vacía y que me recordaron las de ese personaje de dibujos animados llamado Fantasmagórico:

—¡AAJAJAJA AAJAJAJA AAJAJAJA...!

Pueden pensar lo que quieran, pero esa noche, por si las moscas, dejé al alcance de la mano el crucifijo de plata que el padre José María me regaló (después de haber sido injustamente acusado de robo como Jean Valjean), gesto gracias al cual senté cabeza y me volví monaguillo de la Iglesia San José de Jesús María.